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LA EDUCACIÓN AFECTIVO-SEXUAL EN PERSONAS CON SÍNDROME DE DOWN

 

La sexualidad sigue siendo hoy día para la mayor parte de las familias un tema que suscita cierta inquietud en la educación de sus hij@s. Si a esto se suma el hecho de tener un hij@ Síndrome de Down la preocupación suele ser aún mayor. Probablemente el motivo de esta inquietud sea algunas ideas erróneas que existen con respecto a la sexualidad en este colectivo. 
Son numerosas las cuestiones que podríamos hacernos: ¿Es necesaria realmente una Educación afectivo sexual? y si así fuera ¿Qué papel juega la familia a este respecto? ¿Qué ideas erróneas se suelen tener? ¿Cuándo debemos empezar la Educación Sexual? ¿El desarrollo es diferente que en el resto de la población? A través de estas líneas intentaremos dar respuesta a estas preguntas.
Muchas familias opinan que no es conveniente hablar demasiado de estos temas con sus hijos e hijas porque es posible que de esta manera se despierte un interés prematuro por el tema. No obstante la investigación sugiere que los programas de educación sexual no aumentan ni disminuyen el deseo sexual sino que por el contrario aumentan el conocimiento y reducen la conducta sexual de riesgo y contribuyen a un uso más responsable de la misma. 
Por otra parte, la sexualidad es algo con lo que nacemos, de esta forma los niñ@s a la par que aprenden a caminar y a hablar aprenden también sobre su sexualidad por tanto la Educación Afectivo-Sexual se debe comenzar a edades tempranas. 
Incluso puede haber familias que definitivamente piensen que ellos no deben intervenir. En este caso, es bueno que se planteen que sus hij@s hoy día verán escenas de sexo en televisión o en otros medios y que se verán expuestos a información de valor discutible que puede ocasionarles confusión. 
Otra fuente de la que pueden obtener información serán los demás compañer@s, pero en muchos casos la información puede estar distorsionada y lo más seguro es que los compañer@s no transmitan ningún tipo de valores o actitudes con respecto a la sexualidad. 
La familia es quien más conoce a su hij@ y debe ser quien determine cómo y cuándo se debe dar la información. Los padres son los primeros educadores de la sexualidad de sus hij@s. No obstante, como suelen existir programas de educación afectivo-sexual en las escuelas o asociaciones, es recomendable que profesionales y familias actúen en consonancia, sobre todo en lo que respecta al modo de actuar en caso de existir alguna dificultad o a la hora de prevenir conductas inapropiadas. 
Es prácticamente imposible no educar la sexualidad ya que las ideas de la familia con respecto a este tema la condicionan. Si la familia lo percibe como algo tabú y problemático es probable que así termine siendo para su hij@. Si por el contrario lo ve como algo natural y que contribuye a su desarrollo personal, a aumentar su autoestima y bienestar psicológico, también es probable que así lo sea. No olvidemos que somos modelo de conducta para nuestros hij@s y que la forma de relacionarse con los demás y entender la sexualidad también la aprenderán directa o indirectamente de nosotros.
Hay muchas expresiones de la sexualidad que no son exclusivamente el coito y cada individuo, llegado el momento, escogerá la manera de expresar la suya propia. Con demasiada frecuencia cuando se habla de sexualidad en Síndrome de Down se asocia a genitalidad e higiene y se olvide la parte afectiva y de relaciones sociales que también conlleva. La Educación Afectivo-Sexual debe tener una dimensión globalizada que abarque aspectos relacionados con la salud, el aseo, el autocuidado y las relaciones sociales. 
La familia no tiene que convertirse en expertos para educar, basta con seguir unas recomendaciones básicas tales como responder a las preguntas que nos hagan de manera sencilla y si necesitamos ayudarnos de algún material ilustrado no dudemos en hacerlo, ya se sabe que una imagen vale más que mil palabras. 
Otra recomendación sería utilizar un lenguaje apropiado refiriéndose a cada concepto con el nombre que le corresponde. Esto favorecerá que la comunicación familia-hij@ sea más fluida, sabiendo en cada momento a qué nos estamos refiriendo ambos. 
Si desde pequeños favorecemos el reconocimiento y la expresión de sentimientos conseguiremos que llegado el momento puedan manifestar lo que sienten e intentar buscar las causas (enfado, enamoramiento, alegría, pena). 
Es conveniente evitar malas costumbres reforzando conductas “inapropiadas de pequeños” que aunque resultan graciosas a edades tempranas, posteriormente son difíciles de eliminar. Un ejemplo claro es el de la forma de saludar, ésta debe ser apropiada a la situación, edad y persona a la que se saluda. Compañeros, profesores, familia, amigos, médicos deben ser saludados teniendo en cuenta la edad del niñ@, el grado de confianza, el tiempo que hace que no se ve, las costumbres familiares, etc. Otro ejemplo muy significativo es la manera correcta de interaccionar con los desconocidos. Si se aprende claramente desde pequeños evitará en un futuro situaciones embarazosas. Pero ¿dónde está el límite?. La respuesta es clara, ¿Qué suelen hacer los niñ@s de su edad?. Si se tienen hij@s mayores, ellos pueden marcar la pauta y si no, observemos a los compañer@s de su edad. ¿Por qué ser más permisivos con respecto a la conducta social de las personas Síndrome de Down?. Esto les confundirá en la forma de interpretar sus relaciones con los demás y además ayudará a perpetuar esa imagen que muchos tienen de ellos como unos “eternos niñ@s muy cariñosos.” 
Existen dos conceptos claves que son fundamentales enseñar en el seno de la familia desde bien pequeños: público y privado. Existen comportamientos que sólo es apropiado realizarlos en privado, como asearse o desvestirse o mil ejemplos más y que no tienen por qué estar relacionados con la sexualidad. Pero si desde el principio sabemos que hay cosas que es mejor (socialmente más apropiado) hacer en la intimidad, cuando surja la necesidad de acariciar nuestro cuerpo, explorarlo o mantener contactos con nuestra pareja, comprenderemos fácilmente que éste tipo de cuestiones forman parte de la privacidad e intimidad de la persona y que para nada es apropiado realizarlos en público. 
Es conveniente que conozcan cuáles son los lugares de la casa que son privados y en los que es adecuado realizar comportamientos que forman parte de la intimidad (sean o no de carácter sexual) y cuáles son las partes de la casa que son de uso común y en las que no es en absoluto apropiado realizar tales comportamientos.
 Todos los aspectos que hasta ahora hemos ido comentando forman parte del aprendizaje social o habilidades sociales (habilidades socio-sexuales las podríamos denominar) que, de igual forma y como ya hemos señalado, hay que trabajar desde edades tempranas. 
Aportemos también algunos datos con respecto a las creencias más extendidas acerca de la sexualidad en las personas Síndrome de Down. Respecto a su edad de desarrollo no existen diferencias con respecto al resto de la población. Por lo que es conveniente que conozcan los cambios que su cuerpo experimentará antes de la primera menstruación o polución nocturna en el caso de los chicos. 
Una creencia muy extendida es la de considerarlos “hipersexuados” o por el contrario “asexuados”, esto es, o se piensa que son muy activos sexualmente o bien que carecen de necesidades o deseos sexuales y que son “eternamente niñ@s”. Ninguna de las dos posturas tiene ningún fundamento. Con respecto a sus necesidades o deseos sexuales podemos decir que los poseen exactamente igual que el resto de las personas, con grandes diferencias individuales, y que si se les considera “hipersexuados” es porque en bastante ocasiones no han aprendido correctamente, y en su momento, la diferencia entre lo público y lo privado. 
Finalmente cabría decir que la Educación Afectivo-Sexual requiere un enfoque individualizado, valorando las necesidades personales en cada momento y la forma de aprender de cada individuo.

 
fuente:http://www.cedown.org/articulos/psicologia/educacion-sexual-sindrome-down.htm




Publicado en: 2009-07-23 (1521 Lecturas)

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